El pangeísmo toma su nombre mítico de la unión del dios Pan (todo) y la diosa Gea (tierra). Pan es un dios pastor y fertilizador. «Dicen que al dios lo llamaron Pan porque a todos alegró su ánimo». Pan tiene la potencia de la alegría. Gea es la diosa tierra, madre nutricia. En este sentido, el pangeísmo es un movimiento que promueve las fuerzas alegres y el respeto por la tierra.
Asimismo, Pangea toma su nombre científico de la teoría de la deriva continental de Alfred Wegener. Esta plantea que, a fines de la era paleozoica, existía un supercontinente llamado Pangea que agrupaba todas las tierras y océanos; luego, esta unidad supracontinental comenzó a fragmentarse, dispersarse, multiplicarse. En términos científicos, el concepto de Pangea trasciende la geología para convertirse en el símbolo de un mundo uno y múltiple. Una paradoja que nos recuerda que las estructuras no son estáticas, sino procesos continuos donde las unidades son diferencias.
Si para la ciencia, la combinación del prefijo pan y el sustantivo gea significa «toda la tierra» y se refiere a una gran masa terrestre rodeada de un inmenso océano, hoy la resignificamos: decimos Pan-gea, «todo es Tierra», todos somos un pasado de unidad heterogénea y un futuro de suelos comunes.
Así, con la potencia del mito y la teoría de la ciencia, el pangeísmo se convierte en un movimiento simbólico de retorno a Pangea.
Fragmento extraído del libro “Pangeísmo: el camino del árbol”.



